Desaparición de dos KC-135 Stratotanker
(agosto de 1963)
Un fenómeno recurrente mencionado en numerosos incidentes aéreos sobre el Triángulo de las Bermudas es la aparición de turbulencias o fuerzas repentinas e imprevisibles. Estos fenómenos se producen en cielo despejado y en aire aparentemente tranquilo. A veces los pasajeros resultan heridos porque no llevaban el cinturón abrochado, ya que la señal de «abróchense los cinturones» no estaba encendida.
Tal vez un fenómeno similar causó la pérdida de dos KC-135 Stratotanker el 28 de agosto de 1963. Sea como sea, nadie sabe con certeza qué ocurrió aquel día, a 36 000 pies (10 800 m) de altitud, sobre el Triángulo de las Bermudas.
La mañana del 28 de agosto de 1963, en la base aérea de Homestead, en Florida (al sur de Miami), dos enormes aviones cisterna KC-135 deben despegar para una misión de reabastecimiento junto con tres bombarderos B-47. El despegue se desarrolla sin incidentes y los aviones ponen rumbo hacia 30°28’ N – 67°54’ O. La misión se completa con éxito. A las 12:01 todos los aparatos dan media vuelta para regresar a la base. Los dos KC-135 ascienden respectivamente a 36 000 y 35 500 pies, volando en formación, el primero por delante del segundo. A las 12:20, los B-47 que regresaban por su cuenta pierden el contacto visual con los KC-135 tras atravesar una pequeña nube a gran altitud.
A las 13:57, el control aéreo oceánico —que debería haber recibido contacto por radio— informa a la base de Homestead de que ninguno de los dos KC-135 se ha comunicado. Se inicia una operación de búsqueda que finaliza al día siguiente cuando se encuentran restos flotando en la superficie del océano en las coordenadas 29°19’ N – 69°41’ O.
Los dos aviones se estrellaron en condiciones meteorológicas excelentes, sin emitir el más mínimo mensaje de socorro. Todo indica una colisión, pero resulta difícil creer que tripulaciones experimentadas, manteniendo una separación vertical de 500 pies (unos 150 m) y separación horizontal reglamentaria, pudieran chocar de manera súbita y violenta.
Es cierto que, sobre el Triángulo de las Bermudas, algunos aviones ya se habían visto afectados por turbulencias que provocaban bruscas pérdidas de velocidad o variaciones repentinas de altitud. Sin embargo, para que los dos KC-135 llegaran a colisionar, el primero tendría que haber reducido bruscamente la velocidad y perdido altura, mientras que el segundo no habría sido afectado del mismo modo.
Unas simples turbulencias difícilmente pueden explicar tal escenario. Aunque las turbulencias en aire claro son fenómenos conocidos en todo el mundo, suelen estar asociadas a corrientes en chorro o a tormentas lejanas y, por lo general, pueden anticiparse. Sobre todo, no suelen ser tan localizadas como para afectar únicamente a uno de los aviones que vuelan en formación. En turbulencias convencionales, ambos aparatos habrían sido sacudidos de forma similar, pero no hasta el punto de colisionar.